Me presenté en el aula para los que acudían a un colegio de enseñanza técnica, lo que me sorprendió fue ver a Sugi allí, que quería ir a una universidad farmacéutica.
Me contó que solo venía para escuchar sobre un curso que le interesaba, pero que estaba pendiente de estudiar para entrar en la universidad que ella quería.
Ella no sabía mis planes de ir, y supuso bien al preguntar si iba a una de estética.
-Me gustaría conseguir algo para ser esteticista o peluquera o algo parecido.- dije.- Vine hoy, pero no me ha servido apenas nada.
-Me sorprende que realmente pienses seriamente de tu futuro.- me dijo bromeando. Y le dije que no era tan mala.- Aunque pensé que Mari y tu iríais juntas a la universidad afiliada.- completó. – Por cierto, ella está también aquí?
-No, no creo, debe haberse ido a casa, probablemente.- dije mirándo si tenía mensajes.
Desde aquella vez, no habíamos hablado de mis planes académicos, seguía siendo un tema incómodo.
Así, llegó febrero. Akko me mandó un mensaje para saber si seguía en clase, mientras yo estaba ocupada buscando a Naru-sensei. Con la que quería hablar sobre un cambio de universidad a la que quería entrar.
Se extrañó de mi elección después de haber elegido literatura japonesa, algo que me gustaba mucho, pero una opción demasiado distinta de la que acababa de concluir.
Me preguntó si lo había hablado con mis padres, pero esperaba a decidirme completamente patra decírselo.
-Fue Oohashi la que te metió la idea en la cabeza?
-Eh? No qué va! Akko no tiene que ver en mi cambio, lo decidí por mi cuenta.- dije sinceramente, aunque Akko tenía que ver en la decisión.
Buscó los impresos de elección del seminario en el cajón, así logré ver una pequeña foto en la que salí vestida de novia cogida del brazo de un hombre, que supuse sería su marido. Después de preguntarlo en alto, oculté la tapadera añadiendo que era otra persona, con lo que decidimos salir ambas a hablar sobre ello.
A pesar de lo pesimista que dijo que resultaba el matrimonio, la animé y le dije que a mi madre le parecía bien, después de todo ambos eran adultos.
Ella me agradeció y me preguntó si yo tenía novio, antes de que se me escapara que era novia, le dije que había alguien con quien salía, lo que la extrañó, pero a lo que no prestó atención.
Le confesé que no sabía que pasaría con ambas, ella me contó que le había costado mucho tiempo encontrar la persona ideal para ella, estubo mucho tiempo sola, dando datos que me llevaron a calcular su edad.
Su mala suerte en el amor y sus problemas con los amigos, la hicieron pensar en vivir educando a los niños, como ahora, siendo profesora.
Después de esto último, podía mirar hacia atrás y verlo como momentos felices, no preocuparse al hacerlo, sentirse calmada.
Me contó que para ser felices juntos, lleva esfuerzo, incluso para mantenerte con tus amigas. En cambio, muchas veces parecía que todo iba mal porque discutían o sus raros hobbies. Pero el hecho de que se amaran, hacía cambiar las cosas, por eso, eran capaces de ser felices.
Después de ello, me aconsejó diciendo que nunca me rindiera, la elección de mi carrera no tenía que influir, debería elegir lo que yo quisiera, sin necesidad de ser lo mismo que la otra persona.
-Mientras no te rindas, tus amigos serán tus amigos, y así con la persona que amas, después de toso, lo quieres, no?- preguntó.- Si pones todo tu ser en la relación, no crees que podréis estar juntos?
Solo por estar un poco más con ella, quise elegir el mismo colegio que ella, pensé que si fueramos juntas, estaría bien.
Pero era un error basar mi carrera en algo así, quería ayudar a Akko en su sueño, así podía estar junto a ella.
Llegó Kuno con nueva información del marido de Naru-sensei, mientras comentaba sobre su trabajo, yo buscaba el momento para darle a Akko lo que le había traido:
-A...Akko…
-Hm?- me miró.
-Esto es un obento, que hice para ti... te gustaría tomarlo?- pregunté.
-Eh??- me quedé sorprendida.- Un obento casero??- me sonrojé, una sonrisita se asomó en mis labios y se denotó felicidad en mis ojos: ‘jejeje’
-Eh? Como? Porqué solo para Akko?- preguntaron las otras celosas.
-Dijisteis que ganaría peso si comía solo pan, si? Decidí hacerle uno con las calorías y vitaminas exáctas, es como agradecimiento de enseñar a Mayu-chan a maquillarse.- dijo levemente avergonzada y encantada de que me gustara.
-Gr… gracias…- dije avergonzada de depender de ella.
-Me enseñó mi madre como hacerlo.- explicó. Ví como Mari se ponía de buen humor, lo que me hizo muy feliz, hasta le saqué una foto para recordarlo.
Mientras me distraía pensando en su buena pinta y en hacer la foto, Mari se acercó a mi oído y dijo:
-Estaría bien que te hiciera uno todos los días que tenga tiempo?- preguntó.
-Por supuesto!! Me encantaría!! Muchísimas gracias Mari!!- dije loca de alegría y degustando la deliciosa comida que me había preparado mi amada. La abracé fuerte y contuve mis ganas de besarla.
Fui a muchas clases para ver como maquillaban a la gente en peluquerías y centros estéticos.
Poco a poco, rápidamente, llegó el 14 de febrero, San Valentín, habíamos hablado mucho en los descansos sobre chocolate y demás cosas, así que decidí darle chocolate a Mari.
-Mari… esto.- dije entregándole la caja.
-Si?- dijo volviéndose hacia mí.- Eh? Qué es?- preguntó.
-Eh? “Qué es?” Es chocolate… ya que no pude dartelo en el colegio…- le dije extrañada.
-Eh…- dijo con cara de haberse olvidado.
-No puede ser! Te olvidaste de San Valentín??
-Yo… lo siento muchísimo, si me lo hubieras dicho…- dijo pidiéndome perdón.
-Es… no es el tipo de cosas que se recuerda a la gente! Se supone que tengo que decirte que te tengo que dar chocolate por adelantado??- exclamé.- Pensé que estabas ahí cuando hablamos de este día, pero veo que no hacías caso!- me quejé.
-Eso es porqué ultimamente paso el tiempo pensando en qué poner en el obento del día siguiente… ah… te parece bien si te lo doy mañana?- dijo apurada.
-No!- dije un tanto cabreada.
-Tienes razón, o siento…- volvió a disculparse.
-Pero este sábado, está bien… site quedas a dormir a mi casa...- dije, explícitamente.
-Yo… lo entiendo- dijo.- Iré a casa y me prepararé.- añadió después aceptando.
-Vale.- dije contenta de que porfin podamos pasar tiempo juntas.
Ese sábado, fuimos de compras, me deprimí mucho por haber comprado demasiado, había prometido mirar, pero no pude evitar comprar cosas que ví.
Pensé que ir de compras aiviaría la tensión, pero resultó ser contrario.
Ver mi armario lleno de ropa, nos hizo recordar la primera vez que vino a casa, día en el que nos probamos muchos de mis conjuntos para buscar algo que le pegara a Mari.
Escogimos de nuevo ropa que no habíamos enseñado como quedaba y repetimos el desfile que tanto nos gustaba hacer, nos probamos un montón de ropa y nos divertimos. Además de que ví lo linda que estaba Mari con muchas de las prendas.
Cuando buscaba a fondo en el armario, ví aquellos bañadores que había comprado el verano anterior, le hice poner el que le correspondía a ella y me puse el otro.
-Pero… si todavía es nuevo!- se sorprendió Mari.
-En realidad, nunca me lo puse…- dije mirándola.
-Y de verdad no te importa dejarselo a alguien más estándo sin estrenar?- preguntó.
-Está bien.- dije para que no se preocupara.- Deja que te lo ate a la espalda.- me ofrecí.- Te ves genial… ya imaginé que estarías muy linda con él…- dije.
Me acerqué por detrás y la abracé, apoyé mi barbilla en uno de sus hombros, y pasé mis brazos por debajo de los suyos.
-Se siente bien.- dije pudiendo oler la fragancia de Mari, que estaba sonrojada, cerniéndose a mi abrazo.
Mi control dejó de funcionar, no pude evitar sentir la necesidad de besar su suave y tentador cuello, lo que produjo que de su boca saliera un pequeño gemido.
Me pegué a ella todo lo que pude, mientras ella susurraba mi nombre avergonzada de lo que me proponía.
Aún abrazadas, le desaté el bikini que se había puesto con los dientes, y agarré uno de sus pechos con la mano, para que no quedara desnudo, sujetándo la prenda.
Mari me preguntó algo, con voz entrecortada:
-H-hoy… tu madre está…?
-En un viaje de negocios.- dije acercando mis labios a los suyos.
La senté en el suelo lentamente, dandola la vuelta para que puediera ver su cuerpo, mientras nos besábamos, abrazamos nuestros cuerpos en un pensamiento de éxtasis que llenó nuestra mente.
Mientras seguíamos en nuestro beso, Mari me desató el bikini abrazándome y atralléndome hacia ella. Sus pechos finalmente desnudos se fusionaron con los míos, de esta forma ambas sentíamos el latido del corazón de la otra. Escuchaba sus susurrados gemidos en mi oído, y sentía como su cuerpo se calentaba con el mío.
Mari se dejaba caer hacia atrás, atraía mi rostro al suyo y nos fundíamos en un nuevo beso, ambas nos tomamos por las manos mientras me aseguraba de agarrar la sábana de mi cama, con la que podríamos taparnos.
De repente me paré en seco, Mari me miró de frente y me preguntó.
-Akko?
-Lo siento, es justo como pensé.- dije, dándome cuenta de que ella ya había estado en una situación similar.
-Tienes razón, no importa qué, yo…- empezó Mari, cuando la interrumpí:
-Yo lo siento muchísimo, es mi primera vez.- confesé.
-Pero…
-Incluso no se que viene después de esta parte.- dije avergonzada de mi ingenuidad.- Solo con esto, estoy en mi límite.
-Eh? Pero tu antes no habías?- quedó perpleja.
-Yo bueno, hubo unas circunstancias complejas…- intenté explicarme.- Yo realmente sigo…- quise decir virgen, pero no me Salió. -Así que Mari es mi sempai cuando se trata de esto.- dije pensando en su experiencia.
-Eh? Si esta tabién es mi primera.- dijo apurada.- Pero yo, creo que sé, lo que quiero hacer con Akko.- dijo.- Pero… de verdad estás de acuerdo con eso?- dijo bajando la cabeza.- Porque aunque no estamos jugándo más… aún tienes la parte de abajo del bikini puesta.- dijo, a lo que contesté tapándonos con la manta y quitándome lo que me faltaba. – Akko!- dijo mientras la acercaba a mí, completamente desnuda para ella.
Ambas tapadas con la manta, nos ruborizamos al pensar que estaba desnuda, y le dije:
-Mari, tu también.- dije deseosa de verla en todo su esplendor, la ayudé a quitárselo, sorprendiéndola un poco, pero nos colocamos tumbadas en el suelo, tapadas con la manta y dije.- Qué es lo que quieres hacerme, Mari?
-Yo… quiero… tocarte- dijo tímidamente.
-Vale, entonces tócame.- la contesté, ferviente. Agarrándo una de sus manos y llevándola a mi pecho, lo que me hizo que se me escapara algún gemido.
Se me ocurrió la idea de bajar la mano, a ver como estaba Mari, la rocé con una de mis piernas, introduciéndola entre las suyas, lo que me contestó la duda.
-Yo… lo siento.- dijo avergonzada por estar húmeda.
-Pero si yo, estoy igual, verdad?- dije notándo que me empezaba a tocar.
Un rato después de difrutar la una de la otra, noté que Mari tenía lágrimas en los ojos y me dijo:
-Tú de verdad…
-Mari? Qué va mal?- le pregunté cariñosamente, limpiándole las lágrimas y acariciándo su rostro.
-Estoy muy feliz, de verdad eres como yo…- dijo finalmente.
-Tonta.- dije dándole un beso en la frente.
Cuando la cosa se hubo calmado, nos tumbamos en mi cama dispuestas a dormir juntas tal cual, acaricié tiernamente la cabeza y el rostro de Mari, sientiéndo lo caliente que estaba.
Ella, tímida, se tapaba hasta la altura de los ojos con la sábana, lo que se veía dulce en ella.
-Fu,fu,fu.- dije.
-Q.. qué pasa.- dijo aún tímida y vergonzosa.
-Hm? Nada.- dije feliz, tomándola el pelo.
-Geez… -dijo dándose cuenta.
-Ah, eso me recuerda, que quizás deberías dejarte el pelo largo otra vez.- dije pensando en el futuro.
-Eh? Pero tú eras la que lo querías corto para empezar…- dijo extrañada.
-Por supuesto, me encanta, el pelo corto te hace ver definitivamente más linda.- expliqué.- Pero pensaba en como estabas antes, y estabas guapa también con el pelo a la altura del hombro.- dije imaginándolo.- Así cuando me vuelva peluquera y haga…- traté de ocntinuar, pero el sonido de mis tripas me lo evitó.
-Eso me recuerda a que no hemos cenado.- dijo Mari perdiendo un poco de su vergüenza.- Pero se ha hecho tarde, qué hacemos con la cena?
-Si, me dejé llevar y no pensé que no habíamos cenado, me muero de hambre.- dije.- Ya sé.- dije saltando de la cama en pelota picada.- Aún tengo los panes de ayer!- recordé.- Iba a comerlos esta mañana, pero no tuve tiempo.
-Akko, porfavor ponte algo encima.- dijo Mari mientras hayaba los panes.- No tienes vergüenza?- comentó sin yo hacerle caso.
-Cuál te gustaría?
-Cualquiera de los dos está bien, pero siempre estás comiendo pan dulce, Akko…
-No hace eso que tu dieta sea desequilibrada?- pregunté.
-No pasa nada, ya que como tus obentos de almuerzo, eres muy buena cocinando, te convertirás en una gran esposa.- dijo. Aunque no era realmente algo de lo que sentirme bién, pensé en principio, per oañadió.- Mi esposa.- dijo orgullosa.- Solo bromeaba.- dijo un tanto soñadora.
-Eso es… más o menos lo que estaba planeando.- añadí.
-Eh? Qué dijiste? No te escuché…- dijo.
-Yo he… estado pensando, en coger economía doméstica en la universidad afiliada, si estudio sobre alimentos, podría convertirme en una nutricionista cualificada.
-Una nutricionista?- preguntó Akko incrédula.
-Akko, siempre comes cosas como pan dulce y otras guarrerías, luego haces dietas locas para perder peso, eso debe ser malísimo para la salud.- expliqué.- Además, me gusta hacerte obentos, hasta ahora, en realidad, no había considerado mi futuro, como tú. Pero si hago esto, podré hacerte comida buena que tenga una nutrición equilibrada.
-Marii.- dijo ella echándose a mis brazos.- Te amo! Y amos tus obentos también!- dijo eufórica abrazándome.- Pero no solo quiero eso, quiero que me hagas obentos en las vacaciones también, podemos ir de acampada, pasar la noche en algún sitio las dos solas, ir al parque de atracciones.
-Solo nosotras dos?
-Si, pero quizas es algo dificil.
-Probablemente.- dije.
-Quiero hacerlo para disfrutar un viaje contigo, por que no pudimos disfrutar la mitad del viaje escolar.- dijo.
-Entiendo.- dije.
-Quiero que nos probemos los bikinis en la playa o en la piscina.- añadió.
-Creo que para la playa deberíamos esperar al verano.- sugerí.
Después de dar más ideas y acabar de comer, Akko se quedó dormida en mi hombro, observé su rostro y acaricié su mejilla.
Al hacerlo recordé la primera vez que la besé, estabamos en la misma posición, en el mismo sitio, pero nuestros sentimientos eran distintos en ese momento.
Era justo igual, solo que no estabamos tan seguras y unidas como ahora, ‘quiero que permanezcamos juntas, o mejor, estaremos juntas.’.
No importaba lo que pasara, no perderíamos la fe en la otra. Me acerqué a su rostro y le dí un suave beso en los labios.
Pasó tiempo hasta que llegó abril, ya era tiempo de cambiar de tutor y todos nos preguntabamos quién sería.
Nos dieron los nuevos lugares en los que nos sentaríamos, y a Mari y a mí no nos tocó juntas.
-Parece ser que no estamos juntas, Akko.- me dijo entristecida.
-Si, bueno, no tiene remedio, pero…- añadí en su oído.- Por otra parte si nos sentaramos juntas no podría quitarte las manos de encima.- le confesé.- Siendo ahora de tercero, se siente como si segundo hubiera sido muy largo…
Pasaríamos ese último año juntas, pero ese tiempo, para nosotras era de sobra.